LA OBRA DE LA SEMANA: DON GIOVANNI, DE W. A. MOZART

 DON GIOVANNI 

W. A. MOZART 

La leyenda de Don Juan, el libertino castigado desde el más allá por sus excesos, constituye uno de los mitos literarios hispanos más conocidos, utilizado por autores tan diversos como Molière, Mozart, Byron, Baudelaire, Kierkegaard o Ingmar Bergman. Mozart lo trató en su ópera Don Giovanni, ossia Il dissoluto punito definido como “dramma giocoso, término que denota una mezcla de acción cómica y seria. Es la tercera ópera en colaboración con el libretista Lorenzo da Ponte y surgió como un encargo a raíz del éxito que tuvo en Praga su anterior trabajo, Las bodas de Fígaro. 

 Aunque su estreno tuvo lugar en 1787, dos años antes de la Revolución Francesa, el contenido del libreto no se limita estrictamente al mito de D. Juan. En realidad, hay una carga social importante en toda la representación, al igual que en Las bodas de Fígaro, que refleja el ambiente prerrevolucionario que se respiraba en la época. En Don Giovanni de alguna manera, se quiere dar a entender que la vida licenciosa y libertina de Don Juan era en realidad la vida licenciosa de la aristocracia y, por otro lado,  el protagonismo dado a los personajes del pueblo, al igual que a Fígaro y Susanna en Las Bodas de Fígaro es  un elemento innovador en los libretos de ópera hasta el momento. 

El propio Mozart la dirigió en su estreno en Praga y supervisó el que se hizo posteriormente en Viena, para el que añadió algunos números más 

Junto con  los cantantes solistas y el coro, la partitura incluye, además de la cuerda,  dobles instrumentos de madera, trompas y trompetas, timbales y bajo continuo para los recitativos. El compositor también especificó ocasionales efectos musicales especiales, tales como varios grupos en el escenario tocando diferentes danzas simultáneamente, cada una de ellas con su ritmo respectivo, acompañando la danza de los personajes; el pequeño grupo instrumental que ameniza la cena de D. Giovanni con el Comendador tocando melodías populares, entre las que incluye, como un guiño, un aria de Las Bodas de Fígaro; la escena  del segundo acto en la que D. Giovanni toca la mandolina acompañado desde el foso por las cuerdas en pizzicato o los trombones que acompañan a la estatua del comendador cuando canta en la escena del cementerio 

.La obra concluye con un fugado a cargo de los solistas -menos D. Giovanni, que ya está en el infierno-, que expresa la moraleja de la historia: "Éste es el fin de quien hace el mal: la muerte del pecador siempre refleja su vida" ("Questo è il fin di chi fa mal").